Mi experiencia personal con el acné

En esta sección te voy a describir «cronológicamente» mi experiencia con el acné. Es decir, todo lo que fui pasando a lo largo de todos los años. Esto no sólo lo hago para contarte mi caso, sino para que no cometas los mismos errores.

 

Aparición del acné

La mayoría de los jóvenes comienza a presentar acné en la adolescencia (13-15 años). En mi caso, no fue la excepción, aunque sí fue más fuerte que la mayoría.

 

13 años: primeras espinillas

Luego de unos meses de cumplir los 13 años, el acné comenzó a presentarse en mi rostro. Al principio era un granito una semana, luego se iba y salía otro. Algo bastante normal para la edad, pero que comienza a afectar psicológicamente a un adolescente.

En ese momento, un día que fui al médico porque estaba enfermo, le pregunté sobre el acné y me dijo: «es algo hormonal, pero no te toques». Y me remarcó esto último un par de veces. Pero, como casi cualquier adolescente, no le hice caso. Así que, cada vez que me salía una espinilla, me la apretaba y, como soy de piel bastante blanca, comencé a coleccionar varias marcas rojas por cada granito que iba pasando.

 

14 años: acné leve

El acné aumentó un poco y, como todo adolescente, me empecé a preocupar más de la cuenta. Entonces tomé la decisión y fui a una dermatóloga. La doctora intentó convencerme de que lo mío era leve, «que no me preocupara, que era algo pasajero y que no valía la pena gastar mucho dinero con eso». Pero eso no era lo que quería escuchar. Yo quería una «solución», un «remedio para el acné».

En fin, dicha dermatóloga no me convenció para nada, así que empecé a comprar cosas para el acné de marcas conocidas. ¿El resultado? Ningún producto me funcionó: todo «humo», es decir, una mentira para que lo compres. Y, para peor, cada vez sentía que tenía más espinillas en la cara.



15 años: segundo dermatólogo

El problema del acné empeoraba y, para colmo, ya me iban quedando varias marquitas rojas, que tardaban en irse. En pocas palabras, ya me estaba acomplejando mucho con el tema, por lo que mi autoestima comenzó a bajar.

Pero la historia recién estaba empezando. El acné se complicó rápidamente ese año cuando me empezaron a salir cada tanto «granos grandes». Este tipo de acné ya marca una infección y se caracteriza por tener mayor presencia de pus. Por lo general, en principio son granos internos, que duelen bastante. Mientras que en otros casos, ese mismo grano sale «hacia afuera», que es cuando la persona extraer el pus.

El problema es que, a medida que uno se «explota dichos granos», la infección se profundiza rápidamente. Así fue que, en un par de oportunidades, me surgieron granos internos «muy grandes», como un «chichón» en la cara. Si bien este tipo de acné no suele ser «visible» para quien te mira, ya que «se nota» al tacto, cualquier persona siente que le están viendo un terrible grano en la cara.

En resumen, la desesperación de que pasaban los días y este bulto no se iba, hizo que decidiera «extraerlo». Así que, pinchando con una aguja fina con alcohol, comencé con el error. Estaba muy inflamado y, en consecuencia, una gran cantidad de pus salió al exterior. Sin embargo, todo fue en vano, porque al día siguiente seguía igual de hinchado. Así que mi solución fue la misma, pinchar y apretar nuevamente. Y sí, más pus salió.

Mis ánimos estaban por el piso y cada día estaba más desesperado. Así que recurrí nuevamente a un dermatólogo. Esta vez, el doctor era otro, pero sus soluciones eran lo de siempre: me dio cremas, lociones y otras cosas, varias de las cuales me sacaron alergia y no las pude usar.

 

16 y 17 años: antibióticos

Al ver que los jabones, las cremas y las lociones para el acné no tenían ningún efecto, el dermatólogo me dio antibióticos. Básicamente, eran pastillas, que me pararon bastante el acné, por decir en un 75%. Sin embargo, cuando dejaba de tomar las píldoras, el acné me volvía con más fuerza que antes. Era como bloquear un río: el agua se acumula y luego la corriente es mucho peor. Conclusión: los antibióticos son una porquería, no los tomen.

Fracasando con los antibióticos, el médico me siguió dando otras cremas y porquerías que no me sirvieron para nada. En resumen, me cansé y salté a otro dermatólogo. Y nuevamente comenzó la misma historia: me recetó otros productos, me sacaron alergia y no me sirvieron. Así estuvo, probando cosas hasta los 17 años inclusive.

 

18 años: el maldito Roaccutan

Cumplí 18 y, lejos de disminuir, el acné seguía como si nada. Sin embargo, dejé de ir a dermatólogos y volví a los productos de «marca», es decir, los ves en la tv. Pero un día, me salió nuevamente uno de esos «granos grandes e internos» en la mejilla.

Pasó un mes y el bulto no se iba. No se notaba a la vista, sólo si ponías la mano podías tantear la dureza, la cual dolía mucho. Al sentir impotencia y angustia, lamentablemente, un día me cansé y decidí pincharlo. Y pasó lo mismo que la vez anterior. Saqué una gran cantidad de pus y se inflamó. Y así una y otra vez hasta que con el tiempo se fue. Pero, de regalo, me dejó una marca que tardó unos dos años en irse.

Envuelto en un manto de desesperación y ánimos por el suelo, volví a recurrir a los dermatólogos. Pero esta vez, la historia sería diferente, porque «me iba a ilusionar con una pastilla mágica». Básicamente, el doctor me dijo: «bueno, mira, nos queda una solución que te va a sacar el acné, porque al final estás gastando un montón de dinero en cremas y no lo podemos parar. Así que, mejor gasta ese dinero en estas pastillas que te van a curar el acné definitivamente».

¿Qué pensaría una persona desesperada por terminar con una enfermedad luego de 5 años de combatirla? Por supuesto que fui a comprar dicho «remedio mágico».

 

Mi experiencia con Roaccutan

Para los que no lo han escuchado, las pastillas de marca Roaccutan o Roacutan, se recetan en casos de acné moderadamente grave, grave o extremo. Su función, vulgarmente, es acabar con la grasitud del cuerpo. Es decir, «secar al organismo internamente», evitando así la producción sebácea y la infección de las glándulas. El problema es que este medicamente es muy fuerte y muy peligroso.

Cuando lo compré, revisé el prospecto y me asusté un poco sinceramente. No estaba seguro de tomar eso, por todos los efectos secundarios. De hecho, no terminé de leer todo. Busqué en internet y veía de todo: algunos recomendaban no tomarlo, pero otros que los había «curado del acné». Y, a veces, uno sólo ve la mitad de las cosas.

En resumen, erróneamente, comencé el tratamiento con Roaccutan. La primera semana me salieron más granos, como todos decían, inclusive el dermatólogo. Pero luego, a partir de la segunda o tercera, empiezas a tener una terrible sequedad. Al mismo tiempo, comienzas cada vez a tener menos granos. Parecía que todo iba bien, pese a los «efectos secundarios comunes de sequedad».

Roacutan, también llamado Roaccutan o Roaccutane

El medicamento hace lo que dice la mayoría de los que lo tomaron: «los granos se quitan mientras lo tomas». Además, produce una exfoliación de la piel también, por lo que gran parte de las marcas rojas se van. Mientras que los efectos comunes son: sequedad en los labios, ojos y nariz, cuidarse del sol y de algunos alimentos y bebidas.

 

19 años: fin de Roaccutan

Pasaron los 8 meses y finalmente terminé el tratamiento con Roaccutan. Realmente, ese tiempo que tomé Roacutan me sentí liberado del acné, era otra persona: con mucha autoestima y muy abierto socialmente. Pero «no todo lo que brilla es oro» dice el dicho.

Cuando terminé con el famoso Roaccutan, pensé que ya estaba curado del acné. Pero no fue así. Cuando dejé las pastillas, a la semana me volvió la grasitud y, a los pocos días, me empezaron a salir granitos nuevamente. Y, como siempre, empecé a tocarme esos granitos. Al mes, ya había vuelto al punto de partida previo al tratamiento. Un ciclo sin fin.

En pocas palabras, no te recomiendo tomar Roaccutan. No vale la pena sufrir todos los efectos secundarios por una cura «temporal». Además, luego me enteré que las pastillas son muy peligrosas dado que puede generarte efectos adversos permanentes. De hecho, durante muchos años tuve problemas de seborrea, inmediatamente luego de dejar el medicamente, siendo que nunca había tenido.

 

Nunca más un dermatólogo

Recurrí al dermatólogo, desilusionado, destruido emocionalmente. El doctor me dio unas cremas, que me sacaron alergia, y otra que me quemó la piel (me la puso roja, después se me fue a los 3 o 4 días). Todo mal. Me volvió toda la preocupación del mundo por el acné y mi autoestima se estrelló en el piso nuevamente.

Justo en ese momento estaba saliendo con una chica. Así que, cuando vi que cada vez tenía más granos en la cara, me empecé a estresar, porque me veía horrible y no podía hacer nada. Y en esa estupidez y desesperación de querer curarme, o al menos, estar mejor para el fin de semana, usé nuevamente una loción exfoliante / peeling. La misma era una de las que me había «quemado» la piel, es decir, puesto roja. Pero esta vez, la estupidez fue tal que me coloqué mayor cantidad que antes. Comencé a sentir ardor y a los minutos me la quité con mucha agua. Y ahí fue cuando me pregunté, ¿qué estoy haciendo? Entonces me di cuenta hasta dónde había llegado culpa del acné.

 

Recta final contra el acné

Durante años había intentado todo, y pensando en frío me respondí a mí mismo: «no puede ser que nada funcione». Siempre me pregunté «¿por qué si uso tantos productos para el acné estoy peor que otros que no usan nada?». Albert Einstein decía: «Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.» Así que, luego de pensarlo bien, tomé todos los productos que usaba para el acné, y otros que había guardado de años anteriores, y los tiré a la basura.

A partir de ese día, me prometí no volver a ver a un dermatólogo por mi problema con el acné. Por el contrario, comencé a investigar mucho en internet, todo por mi cuenta. Realmente, leí tanto y probé tantas cosas, que finalmente di con la tecla. El acné no es algo que se cura de un día para el otro, ni tampoco es una «enfermedad» que desaparece mágicamente. Si alguien te dice que puedes curarte en un mes o con un remedio especial, te está mintiendo.

Sin embargo, si logras conocer a tu propio organismo y aplicas una serie de métodos / buenos hábitos, lograrás reducir una enormidad al acné. En mi caso, pude eliminarlo por completo mientras seguí mi propio tratamiento, por así decirlo. Porque cuando logras conocer tu cuerpo y cómo reacciona, aprendes a controlar el acné.

Mi experiencia personal con los dermatólogos fue extraordinariamente mala. Pese a haberme atendido con los «mejores» de mi ciudad, ninguno me ayudó a curar el acné. Esto no significa que te esté recomendado «no ir a un dermatólogo». Pero en mi experiencia, el acné no se elimina con cremas, jabones, lociones, pastillas o químicos…

Luego de los 19, pasaron unos años y levanté un sitio web llamado «quitaracne.com.ar». Allí expliqué todo lo que pude, pero por falta de tiempo para contestar y demás, un día decidí bajarlo. Sin embargo, traje el contenido a esta web, la cual trata muchas cosas más relacionadas con la piel. Así que, espero que puedas aprovechar toda la información aquí escrita. Y si llegaste hasta acá, espero que te haya servido, y ¡gracias por haber leído todo!

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